Y así fue como en medio de los acordes de una guitarra, la
amó sin locura, sin desesperación, llenando la habitación de pausas.
De profundo abrigo.
Con la luz de aquella piedra brillante, con la ternura de
los años compartidos. Con todo el conocimiento que les había regalado el dolor pasado,
la incertidumbre de la violencia, la furia del olvido.
La amo sin la prisa de la juventud, con la gracia de los
años, que te quitan el apuro. Recordando los atardeceres naranjas, las noches
sin luz, las tardes de torta-fritas, los mates y el silencio.
La amó con su olor a madre-selva y con su delantal lleno de
harina. La amó incluso en el griterío de los chicos, la amó cuando todo fue
gris y no había solución.
La amó cuando no tuvo miedo, y también cuando tuvo miedo y
se quedó.
La amó cómo cuando no los unían las palabras, ni las
fuerzas, ni las ganas.
La amó sin dejar de ver sus arrugas en el cuello, sus manos
ásperas, el cansancio en sus ojos y la sonrisa…
Con esa determinación que te regala la infinita ternura, con
la fuerza de la profunda admiración.
Incluso en la certeza del final de sus días, la amó como la primera
vez que la vio, despeinada, bajo ese árbol leyendo a Oesterheld.
Acariciando las canas de sus sienes, le dijo al oído,
mientras ella dormía “Amé la vida que compartí con vos.”
Venerando mi cuerpo, mi origen, mi suerte, mi
determinación. La absoluta recompensa de
ser quien soy. Sin miedos, con naturalidad. En medio de mis profundos
desastres, de mi eterno desorden. De mis cuelgues infinitos y mis imposibles
necesidades. Con mis ideas locas y mis
totales misiones suicidas. Con fuerza, con ímpetu. Sangrando lágrimas y
llorando sangre.
El día que yo muera, no quisiera grandes noticias, ni la
gloria de obituarios. Como alguna vez leí…
<<Siempre debe ser más importante la Vida que la Muerte>>
Quisiera risas, recordando
mis estupideces, quisiera alegrías celebrando la vida que llevé. Los amigos, los
amores, las pasiones…
Al morir, quisiera un aplauso, por la obra terminada, por la
puesta en escena. Por valorar mi soledad
como fin en sí mismo, por no dejarme truncar por los sistemas, sacando lo mejor
de ellos.
Por la tolerancia a mis diferentes. Por los años dedicados a
mis hijos. Por los períodos en celo y los períodos de profunda introspección.
Por todos los errores cometidos y los aprendidos. Porque nunca
dejé de sonreír…
Por que ninguna palabra ha muerto en mi boca y por las historias que he contado. Por la
gente que he admirado, por la gente que me ha acompañado, por todos los que me
han enseñado.
Por ser mujer, por ser madre, por ser creadora de mí misma. Por
permitirme el lujo de la inconstancia.
Por nunca perder la Fé.
Por creer en el Amor (aunque siempre se lo lleve el viento)
Sé que me he detenido, a mirarme simplemente. A tratar de
digerir las cosas que me han pasado en el ultimo tiempo y considero que ha sido
suficiente.
En mis soledades he encontrado siempre la fuerza para
cambiar mi en rededor… no la he encontrado últimamente.
>>>Ando caminando sobre la anestesia de
mi ser, sosteniéndome por la eternidad de
mi esencia.
Con esa estática que me “presta” la sabiduría, en medio de
mis pasiones siempre he logrado avanzar hacia una empresa más o menos
descabellada… pero siempre distinta.
Hoy por hoy, ando como ameba, tratando de curar una decepción
profunda.
Una pasión muerta que ha dejado un duelo grande. No me
siento rota, ni vacía. Simplemente me siento quieta.
La quietud es una gran arma de doble filo, porque trae
calma. Trae paz.
Y honestamente, me siento calma, no estoy nerviosa… pero… ¿¿eso
es vivir??
-Extraño mi Fuego-
Me he alejado del mundo todo lo que pude, me volví huraña y
hasta desinteresada en mi contexto. Y me
dejo ganar de antemano. Todavía no logro accionar las teclas necesarias para
que mi vida sea lo que… me mueve.
He aprendido con tristeza y dolor que nadie en el mundo te
completa o te fracciona. Sólo es uno mismo creyéndolo.
Así como no importa lo que pasó. Importa lo que creemos que
paso. Lo que nos han contado, lo que se repite, tanto hasta perder el sentido,
hasta transformarlo en realidad.
Estoy opaca y algo seca.
Envuelta y súper envuelta en mi. Porque no quiero ser
tocada.
Porque me destroza la exposición. Porque soy mas débil de lo
que puedo aceptar.
Ya no peleo. NO busco en mi, ese valor del sacrificio… no
encuentro la pasión.
Como pasa de uva camino, en pos de encontrar mi centro.
Es un silencio emperrado el mío, es un eco de voces
lastimeras y mortíferas. Que se arremolinan en mí, para aislarme de la
realidad.
Es instinto de autoprotección.
Si escribo esto, es porque hay una parte mía que desea
romper el cascaron, que yace inquieta mirando los límites, y está a punto de
gritar.
No quiero ser recordada en el mismo lugar que todas.
Prefiero el olvido.
El vacío absoluto.
No quiero grandes glorias, prefiero el silencio. El silencio
es más sagrado que la devoción. El secreto no muere jamás.
Los secretos son susurrados por los espíritus que rodean a
las personas, es un murmullo que pasea en el viento. Es un olvido cargado de
memorias. Son sensaciones que no han muerto ni morirán.
Porque en la normalidad, me siento infantil. Pequeña y estúpida.
No quiero el lugar de otros, no quiero las palabras de
otros, me niego a resurgir ante la deshilachada línea cronológica de alguien.
Prefiero no ser mencionada jamás-
Hay gran amargura en ciertos recuerdos, y ya no quiero
llevarla conmigo.
Amargura, ¡Te libero! A partir de hoy voy a limpiar mis pérdidas
con palabras de miel que he de repetirme hasta el cansancio.
Con palabras de azúcar que me regalaran una historia
diferente.
Con palabras de caramelo llena de sonrisas de cuentos de
hadas.
Y será perfecto.
Y pasará a mi libro de amores feroces, donde la princesa es
guerrera y siempre se salva a sí misma.
Porque no importa lo
que ha pasado. Importa lo que nos cuentan.
Yo tengo las palabras, tengo el don para darme una visión
diferente. Yo puedo cambiar mi historia.
En esta oscuridad, puedo sentir tu voz adherida a mis orejas
que repite una y otra vez <<Siempre>>.
Cierro mis ojos, y una pequeña luz invade mi mente, con tu
risa vencida y esa pasión escondida…
<<Siempre>>
Las pausas contenidas en vilo, la punta de tus dedos rozando
mis labios, esos soplidos intermitentes en mi nuca, nuestras piernas
entrelazadas y el eco de la noche repitiendo tu nombre…
<<Siempre>>
Te devoro con los ojos, para absorber tus pensamientos, tus
gestos, tus palabras escondidas entre los dedos…
<<Siempre>>
El peso de tu cuerpo, la total libertad de lo natural, los
latidos de tu corazón.
<<Siempre>>
El tiempo que nos corroe y que nos tienta.
<<Siempre>>
Tu nariz en mi cuello, mi boca en tus muñecas.
<<Siempre>>
Es la selva de mi mente, la furia de mis huracanes, el
silencio mordaz, la soledad cruel y ponzoñosa, el viento de mi deseo, lo fugaz
de mi atención.
<<Siempre>>
Y yo aquí extendiéndome, desplegando mi ser, impregnando
cada poro con mi esencia, disfrutándome y exigiendo.
<<Siempre>>
Es la curva de mis labios, el brillo de mis hombros, la
redondez de mis caderas, el largo de mis brazos, la fuerza de mis piernas, el
terciopelo de mis pestañeas, el roce de mis dientes en tu piel…
<<Siempre>>
Me duermo para encontrarte, sabiendo que estas conmigo.
Me regalaron una maquina de escribir cuando tenía diez años, con la esperanza de volar por mil mundos a la vez. Para darle alas a este pensamiento que me ha hecho solitaria tantas veces.
Y mi hija se levanta cada día con las manos encendidas, llenas de dibujos, pequeñas historias que anhela contar: carreras de caracoles, toboganes eternos, barriletes sonrientes, globos de arco iris, fotografías de carcajadas, muñecas y animales, un mundo lleno de mariposas donde todo esta conectado por hilos bien visibles.
Y a medida que los traza, que los plasma en papel, los va dejando caer al suelo, dedicándose al siguiente y luego otro más.
La primera vez que enfermó, se le atascaron los dibujos que no había hecho en esos días. Cuando al fin pudo levantarse, estuvo dibujando hasta terminar de sacarlos de ella, sólo después pudo seguir.
Como un escritor atorado de historias, o un inventor ahogado de ideas.
Esa obsesión por el dibujo, esa pasión que la domina, me da una mezcla rara de celos y orgullo.
Porque es mezquina con sus creaciones, sólo a escondidas logro mirar lo que produce. Y a la vez, me parece genial y hermoso que a sus cortos cinco años pueda ser tan compleja en su sentir y en la manera de expresarlo.
Me regocija que tenga una pasión que le queme la sangre.
Que reconozca su propia vibración en esas cosas, que vuele y busque la soledad para dibujar... me resulta tan... familiar...
Me veo en ella, a veces. Y me da ternura y me da miedo.
Porque sé que la pasión quema tanto como congela.
Empuja y retiene.
Nos hace volar por mil mundos, pero nos aleja de este.
Nos corroe y nos construye.
Es lo que nos hace eternos.
"Encuentra lo que amas y deja que te mate"
¿De qué moriremos?
Nosotras moriremos de Tinta.